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Brasil

 
 
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  por José Pedro de Oliveira Costa

La Mata Atlántica, cuando llegaron aquí los navegantes europeos en 1500, cubría una extensión de aproximadamente 1 millón de km2 del territorio brasileño. Esta área corresponde al 12% del país. Esta vegetación formaba, junto con la selva amazónica, el conjunto de los dos mayores y más importantes bosques del continente. A partir de ella se impulsó la colonización del país y la conquista de otros territorios que hoy componen la nación brasileña. Alojó los ciclos de pau-brasil, que dio su nombre a la nación, y los de la caña de azúcar, del oro y del café, entre otros. Su madera sirvió para la construcción de las naves y fue usada en todo lo que se edificó en esa misma región, en Brasil y en la reconstrucción de Lisboa, después del terremoto que destruyó esta ciudad casi completamente, en el siglo XVII.

Después de 500 años de utilización continua, restan de la Mata Atlántica apenas cerca del 4% de su área original de vegetación primitiva y otro 4% en vegetación secundaria. A pesar de toda esta devastación, todavía contiene uno de los más importantes conjuntos de plantas y animales de todo el planeta. Los bosques tropicales, por sus condiciones de humedad y calor, son los ecosistemas terrestres que disponen de la mayor diversidad de seres vivos. Entre ellos, la Mata Atlántica, que, según estudios realizados por investigadores del estado de Bahía juntamente con el Jardín Botánico de Nueva York, es la que presenta hasta el momento la mayor cantidad de especies de árboles en una única hectárea de vegetación en el sur de Bahía. En una comparación simplificada, existe más diversidad de más plantas y animales en una hectárea de la Mata Atlántica que en toda Alemania. Esa condición es el resultado, entre otras razones, de la distribución Norte-Sur de dicha vegetación y de la existencia de considerables diferencias de altitud en la serranías costeras cubiertas por esa vegetación. Por ello, hay mayor posibilidad de variación de climas, suelos, temperaturas e insolación, lo que aumenta la tendencia a la evolución y diversificación de especies.

Asociados a la Mata Atlántica, existen una serie de ecosistemas, como las vegetaciones a orillas de ríos de los terrenos húmedos del litoral y el de orillas de playas y campos de altitud, que mantiene con la primera una gran relación de afinidad y complementariedad, y que es también fundamental conservar.

Después de los 500 años de ocupación, lo que quedó de la Mata Atlántica está confinado a los pocos pasillos que todavía existen a lo largo de las laderas donde era más difícil cortar, en especial en las regiones Sur y Sudeste, a lo largo de las Serras do Mar, Geral y Mantiqueira. Además de esos remanentes, lo que ha quedado son islas aisladas en la planicie y en la región Nordeste. Muchas de esas islas de vegetación acogen hoy especies importantísimas y no disponen de espacio suficiente para conservarlas. Para salvar ese valioso patrimonio es necesario ampliar su extensión o unir dos islas próximas a través de la recomposición de pasillos biológicos.

La razón principal para luchar por la protección de la biodiversidad es la importancia de ésta para el desarrollo de medicamentos y de nuestra alimentación. Además de eso, el bosque es el mejor protector de manantiales de agua, es importante para la estabilidad de laderas contra deslizamientos y sirve también como amparo a culturas tradicionales. El bosque es, además, con sus bellos paisajes, elemento de soporte al turismo, que es la industria que más crece hoy en el mundo.

Para garantizar la protección de la Mata Atlántica en tiempos más recientes, el gobierno brasileño creó, a partir de la década de los años 30, un sistema de unidades de conservación, teniendo el primer parque nacional, el Parque Nacional del Itatiaia, siendo creado en la Serra da Mantiqueira, en el ámbito de esa vegetación. También en esa época fue decretado el Código Forestal, que protege las laderas de mayor declive, las cumbres de monte, los nacimientos de los ríos, las orillas de los ríos y los manguezais, formulando, así, la figura de las áreas de conservación permanente.

En los años 80 tiene lugar en São Paulo, el deslizamiento de la Serra do Mar en Cubatão, ciudad donde se había instalado un amplio complejo industrial. La gran cantidad de residuos vertidos incesantemente por las fábricas en el bosque mató la vegetación y debilitó la protección de las laderas. En una lluvia más fuerte, en enero de 1985, la Sierra se vino abajo, amenazando las industrias y haciendo cundir el pánico en la Baixada Santista. Para prevenir nuevas situaciones com ésta, el gobierno decidió declarar como patrimonio natural y cultural del estado de São Paulo toda la Serra do Mar, de la frontera de Rio de Janeiro a la de Paraná.

A las autoridades de Paraná les gustó la idea y declararon protegida su porción de Sierra, en 1986. Tales iniciativas fomentaron la creación de un grupo de trabajo por la protección de la Serra do Mar, involucrando a los estados de Espírito Santo, Rio de Janeiro, São Paulo, Paraná y Santa Catarina. Unidos, decidieron formalizar el Consórcio da Mata Atlântica, lo que ocurrió en 1988. En el 89, se adhirieron a ese Consorcio, mediante invitación, los estados de Bahía, Minas Gerais y Rio Grande do Sul. Y, en el 92, Ceará, Rio Grande do Norte, Paraíba, Pernambuco, Alagoas y Sergipe.

Para hacer viables sus proyectos, estos estados fueron en busca de financiación. Los cinco primeros formadores del Consorcio consiguieron, para el Programa Nacional de Medio Ambiente (PNMA), recursos del orden de 25 millones US$ del gobierno brasileño y del Banco Mundial, con la colaboración de la KFW, agencia de financiación alemana. Ello con el compromiso de hacer oficial la declaración de área protegida de la Mata Atlántica en sus territorios y de buscar, con visión amplia, el reconocimiento de los remanentes de esa vegetación como una importante Reserva de la Biosfera, del programa El Hombre y la Biosfera - Programa MAB, del inglés Man and Biosphere, de la Unesco.

El Sistema de Reservas de la Biosfera del MAB-Unesco se consolidó en la década de 70, bajo la influencia de la Conferencia de Estocolmo sobre el Medio Ambiente. Las Reservas de la Biosfera tienen tres prioridades como base de todos los trabajos a desarrollar en las mismas: la conservación de la naturaleza y de su biodiversidad, el desarrollo social sostenido de las poblaciones que viven en la Reserva, con énfasis en las comunidades tradicionales, y la profundización de la educación ambiental y del conocimiento científico. Para hacer viables estos objetivos, éstas deben obedecer a una distribución por zonas que está centrada en tres áreas principales. Esa organización espacial en su forma más simple se asemeja a un huevo frito:

- la zona núcleo, que sería la yema del huevo, debe ser completamente conservada. Corresponde a un Parque Nacional, una Estación Ecológica u otra área legalmente protegida como un área de conservación permanente. Para nuestra Reserva es muy importante el decreto federal 750/93, de protección de la Mata Atlántica, que da amparo legal a innumerables zonas núcleo.

- la zona de amortiguación, que sería la clara de huevo y que rodea completamente la zona núcleo. Su función principal es protegerla. En ella pueden desarrollarse, entre otras, actividades económicas sostenibles y experimentos científicos. En ellas deben localizarse, preferentemente, las comunidades de cultura tradicional.

- la zona de transición está alrededor de la zona de amortiguación y corresponde al plato donde se encuentra el huevo. En ella se tienen lugar, con flexibilidad, las actividades que acomodan la Reserva de la Biosfera con sus áreas de entorno.

En otra imagen culinaria, la Reserva de la Biosfera corresponde a una cebolla cuyas zonas más reticentes al uso están en el centro y cada capa de dentro hacia fuera tiene menos condicionantes. En nuestro caso, dada la complejidad de localización de los remanentes de la Mata Atlántica, tenemos una reserva de múltiples núcleos que correspondería a una fritura de huevos de diversos tamaños.


Además de eso, las Reservas de la Biosfera participan de redes de cooperación y comparación donde las experiencias de una ayudan al desarrollo de otra. Así, se ha formado una red iberoamericana de Reservas de la Biosfera, que sirve de apoyo e inspiración a todo el Sistema. La Unesco promueve también, de vez en cuando, encuentros internacionales para evaluar la situación de sus reservas, proporcionando, en dichas ocasiones, contactos de gran interés.

La razón por la cual Brasil se adhirió al Sistema de Reservas de la Biosfera es que éste es el más alto reconocimiento internacional que se puede ambicionar para la protección de un ecosistema. La declaración de la Reserva de la Biosfera de la Mata Atlántica endosa su situación de vegetación tropical más amenazada del mundo, siendo, en consecuencia, la primera prioridad planetaria para la conservación de la biodiversidad.

Esta Reserva de la Biosfera, que aloja los principales remanentes de Mata Atlántica y ecosistemas asociados desde Ceará a Rio Grande do Sul, fue reconocida por la Unesco en varias fases consecutivas, entre 1991 y 1992. Contribuyó positivamente a ese reconocimiento la Conferencia Rio-92. A pesar de que el trabajo sea resultado de un gran esfuerzo colectivo, todavía no ha sido posible incluir a la Mata Atlántica existente en el oeste de São Paulo, en Paraná, en Santa Catarina y en áreas de los estados de Goiás y de Mato Grosso do Sul como parte de esta Reserva.

Está también integrada en la Reserva de la Biosfera de la Mata Atlántica - y, por tanto, reconocida por la Unesco - una zona nacida de un proceso independiente, que hoy es conocida como la Reserva de la Biosfera del Cinturón Verde de la Ciudad de São Paulo. Más recientemente, ha sido también reconocida por la Unesco la Reserva de la Biosfera del Cerrado. El comité brasileño del Programa MAB, dirigido por el Itamaraty, está analizando la propuesta de una Reserva de la Biosfera de la Amazonia Central y la fase II de la Reserva del Cerrado.

En cuanto a la biodiversidad, los principales problemas de la Reserva de la Biosfera de la Mata Atlántica son garantizar la implantación de las más de 200 áreas protegidas incluidas en ella, invertir el cuadro de devastación de los remanentes de esa vegetación y buscar la recuperación de áreas degradadas, recomponiendo pasillos biológicos. Para la primera tarea ya tuvimos recursos del PNMA, pero todavía necesitará muchos esfuerzos conjuntos. Para la recomposición de áreas degradadas, el gobierno federal ha lanzado recientemente un programa que está siendo apoyado por el Consejo de esta Reserva de la Biosfera. Como colaboración internacional Sur-Sur, se ha desarrollado una creciente cooperación con nuestros vecinos uruguayos y argentinos. Falta todavía profundizar en trabajos de desarrollo sostenido.

En resumen, la Reserva de la Biosfera de la Mata Atlántica no es más que un instrumento de planificación. Su principal conquista consiste en la aceptación de su metodología de principios y de trabajo por los 14 estados que se adhirieron a ella. Ha alcanzado también la distribución por zonas a escala 1:250.000 de la mayor parte de los remanentes de ese bioma. Para eso, han contribuido mucho los gobiernos estatales, el gobierno federal, ONGs y científicos que voluntariamente trabajan hace años por su consolidación.

Para gestionar esta Reserva, el MAB-Unesco preconiza la necesidad de participación de la población. Con la aprobación del comité brasileño del programa MAB, se ha creado un Consejo de Gestión formado por 36 miembros, siendo la mitad gubernamental y la otra mitad de la sociedad civil. Entre los gubernamentales hay un representante de cada uno de los estados que se han adherido a este programa y cuatro del gobierno federal. Entre los de la sociedad civil hay seis en cada región, Nordeste, Sudeste y Sur. En cada una de éstas, hay dos ambientalistas, dos representantes de la comunidad residente y dos científicos. Además del Consejo se están constituyendo Comités Estatales con la tarea de objetivar la implantación de la Reserva en sus territorios. Ya se han definido una serie de áreas piloto en cada estado. El Consejo trabaja también con seminarios nacionales, regionales y temáticos y ha venido haciendo un esfuerzo constante para buscar, a través de la divulgación, la mayor consolidación de dicha Reserva.

Dirección para correspondencia:
Rua do Horto 931, bairro Tremembé
CEP 02377-000, São Paulo, SP, Brasil
Fax (5511) 204.8067

 
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