El caso más preocupante en Chile es el glaciar O'Higgins, en los canales australes, que retrocedió "15 kilómetros en 100 años, un record" en el continente.
Otro ejemplo emblemático es el glaciar Marinelli, el mayor de los que descienden desde el campo de hielo Cordillera Darwin, que retrocedió 780 metros entre 1992 y 2000.
El 95% de los glaciares chilenos sufrió retrocesos que van desde unos pocos metros a kilómetros. Algunos, incluso, llegaron a restar 50 metros por año. En total, 10 kilómetros de hielo desaparecieron si se compara un mapa actual con otro de 1956.
El fenómeno es una amenaza real para el abastecimiento de agua dulce en los sectores más urbanizados porque los glaciares son considerados reservorios naturales de agua.
A ello se suman los cambios ambientales, especialmente sobre la flora y fauna, con su consecuente impacto sobre la actividad agrícola en los territorios afectados, además de la disminución del turismo. Las visitas turísticas a los glaciares podrían desaparecer en la zona de Magallanes.
"Si no hacemos algo, como construir más embalses, de aquí a 30 años no tendremos capacidad de guardar agua para el consumo del país".
Los pequeños glaciares de montaña van a desaparecer inexorablemente durante la primera mitad de este siglo.
En los últimos años estamos observando un proceso de extinción de muchos de los glaciares de la Patagonia, especialmente los de montañas que por su posición topográfica se encuentran por encima de la línea de las nieves permanentes, como consecuencia del cambio climático, y al quedar expuestos no acumulan nieve para el próximo invierno, por lo tanto se van muriendo.
Por ejemplo, el glaciar Martial proporciona a los ciudadanos de Ushuaia el 90 por ciento de los recursos hídricos. “En Ushuaia el abastecimiento hídrico proviene de las aguas del deshielo del glaciar Martial, que con el tiempo se ha ido fragmentando y se estima que desaparecerá antes de 2050. Por lo tanto Ushuaia tendrá que buscar nuevas fuentes alternativas para proporcionar de agua potable a la ciudad”.
La situación podrá agravarse antes de lo previsto como consecuencia del cambio climático global y de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera.
No sólo se pone en riesgo la reserva de agua sino también el turismo. “Los glaciares son parte de nuestro patrimonio natural desde el punto de vista de los recursos hídricos pero también son un atractivo turístico importante, mucha gente los va a ver o hacen trekking”.
A nivel global la humanidad tiene que cambiar su esquema de consumo de energía. Si aceptamos la posición de las Naciones Unidas respecto a que el calentamiento global es la consecuencia de la incorporación de los gases de invernadero en la atmósfera lo que se debe hacer es disminuir las emisiones. Y disminuir las emisiones significa que parte de la energía generada a través de hidrocarburos se reemplacen por otras fuentes de energía no contaminantes. De la misma manera hay que evitar la deforestación, impedir la explotación de los bosques nativos y disminuir todos aquellos factores que los afectan.
La situación del glaciar Perito Moreno, el más conocido de los glaciares argentinos, situado en cercanías de El Calafate. “Tiene un comportamiento anómalo porque se mantiene en avance permanente, a diferencia de muchos otros glaciares".